Gigantopithecus blacki

Si la historia evolutiva de nuestra especie fuera un libro tendría muchas, quizás demasiadas, páginas extraviadas. O, mejor dicho, capítulos que hasta ahora no conocíamos del todo por la falta de testimonios que pudieran dar fe de lo que ocurrió. Todo esto podría cambiar radicalmente ahora que los análisis genéticos han tomado el relevo para escribir sobre todo aquello de lo que ya no queda rastro. Muestra de ello, un nuevo estudio en el que por primera vez se logra reconstruir las proteínas de unos restos fósiles de dos millones de años de antigüedad y, a partir de ahí, aclarar el linaje de un misterioso primate extinto.

La investigación, liderada por el Institut de Biologia Evolutiva (IBE, UPF-CSIC) y el Globe Institute de la Universidad de Copenhague, presenta la información molecular más antigua hasta la fecha como una herramienta para escribir un nuevo capítulo en la historia evolutiva de los homínidos. El recién publicado trabajo descifra la misteriosa historia evolutiva de los ‘Gigantopithecus blacki’, unos primates gigantes de más de tres metros que habitaron los bosques del sudeste asiático. La especie se extinguió hace unos 300.000 años y de ella tan solo quedan unos centenares de dientes y cuatro fragmentos de mandíbula con los que los expertos han intentado reconstruir su biografía. Pero estos fósiles no pueden, por sí solos, reconstruir toda una crónica. Más ante la falta de restos craneales.

Pero ahora un equipo internacional de investigadores ha logrado ir un paso más allá y ha reconstruido múltiples proteínas a partir del esmalte dental de un fósil hallado en la cueva china de Chuifeng. El primer análisis molecular de este fósil icónico, publicado este mismo miércoles en la prestigiosa revista ‘Nature’,  ha logrado resolver el enigmático árbol genealógico de estos ya extintos animales. Los ‘G. blacki’ no pertenecen al linaje humano, sino al de los orangutanes, sus parientes vivos más cercanos. Los expertos estiman que estas especies divergieron hace unos 10 millones de años, durante el Mioceno, y que probablemente compartieron un ancestro común. Esto resolvería el hasta ahora indescifrable parentesco de esta especie. Pero la historia de este hallazgo no acaba aquí.

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