El auge de la frenología: ideario político y función social de la práctica en siglo XIX

El valor de una disciplina no siempre viene determinado por su rigor científico o por las evidencias que la respaldan. En algunas ocasiones, la difusión de una disciplina tiene que ver más con la construcción social generada a su alrededor que con la verdad epistemológica de su campo de estudio. Esto, lejos de significar un descrédito hacia las evidencias científicas, pone de manifiesto la importancia de entender cada paradigma de conocimiento en su debido contexto. En este sentido, el éxito o fracaso de una disciplina no se puede explicar tan sólo en términos de verdad intrínseca de sus proposiciones, sino que cabe prestar atención al proceso de creación del conocimiento, su significado en el contexto en el cual se desarrolla y su función social. Un buen ejemplo de ello es la frenología (del griego conocimiento de la mente), una disciplina surgida para dar respuesta al funcionamiento de la psique humana.

En el siglo XIX se forja el concepto de ciencias que tenemos hoy en día. Es decir, disciplinas basadas en un determinado método comprobable, replicable y acumulativo: un proceso basado en la observación, el razonamiento y la deducción de principios generales. En este contexto, el objetivo final de las diferentes disciplinas científicas era conseguir la inteligibilidad del mundo sensible. Es decir, entender en profundidad el funcionamiento de la naturaleza. Lejos de significar tan solo el nacimiento de las teorías científicas actuales, esta época también fue testigo del afán de algunas disciplinas (hoy consideradas como pseudocientíficas) de dar una explicación a los fenómenos naturales siguiendo el método socialmente aceptado. Alquimia, astrología y frenología fueron algunas de las áreas que destacaron durante este siglo por su intento de racionalizar sus conocimientos con el fin último de obtener validación tanto científica como social (Sokal, 2001). La idea de base es que la creación de un corpus científico riguroso conlleva el establecimiento de una ciencia útil para la sociedad.

En el caso concreto de la frenología, esta disciplina surge en el siglo XIX de la mano del anatomista Franz Joseph Gall (1758 – 1828) como una ciencia enfocada al conocimiento de la mente humana. Según esta doctrina, las aptitudes y facultades mentales de un individuo se localizan en áreas determinadas del cerebro, lo que conforma el comportamiento y personalidad de este. El carácter de un sujeto, por lo tanto, queda marcado por el desarrollo de cada facultad en el conjunto cerebral y puede ser conocido a través de un examen de la forma y los contornos del cráneo. Es decir, esta disciplina planteaba que los fenómenos mentales no tan solo podían ser estudiados objetivamente, sino que además podían ser explicados mediante causas naturales (Sokal, 2001). En términos de Gall, el gran éxito de la frenología era poner a disposición del hombre lo que antes tan solo podía ser conocido a través de la Revelación: las facultades mentales. Los frenólogos afirmaron haber sido los primeros en reconocer verdaderamente la naturaleza orgánica de la mente, elaborando una psicología que conectaba categorías de pensamiento generalmente aceptadas dentro de la filosofía moral con la anatomía cerebral. El gran éxito de la disciplina, por lo tanto, había sido reconciliar la moral filosófica con la evidencia anatómica y a la vez establecer el cerebro como órgano en el que reside la consciencia y la individualidad humana (Quick, 2014).

La base de esta disciplina, contrariamente a lo que se pueda pensar desde la perspectiva actual, se fundamentaba en estudios anatómicos comparativos. De hecho, para la delimitación de las facultades mentales a determinadas áreas del cerebro fueron necesarios innumerables estudios y comparaciones entre diferentes modelos craneales. En esta misma línea, los diagnósticos frenológicos se basaban (teóricamente) en escrupulosos escrutinios del cráneo de los pacientes. El proceso de análisis craneal quedaba determinado por una serie de pasos preestablecidos: tras la examinación superficial del frenólogo, se rellenaban unos formularios estandarizados con las características del paciente y, posteriormente, se elaboraba un diagnóstico en base a ello. Con toda esta información, el frenólogo brindaba una serie de recomendaciones de carácter pragmático para la mejora de su condición.

Pero más allá de una herramienta para la exploración del alma humana, la frenología se planteaba como una ciencia útil para la sociedad. En palabras de F. J. Gall: “[La frenología] establece también los verdaderos principios sobre los que debe fundarse la educación, el gobierno, los deberes y los derechos del hombre, considerado como criatura física, religiosa, moral e inteligente”.  En esta misma línea, Mariano Cubí y Soler (1801-1875), el importador de la disciplina en España, abogaba por un concepto de ciencia útil que estuviera al alcance de todos y tuviera beneficios directos para la sociedad: “La frenología o el magnetismo no han de ser un privilegio exclusivo de unos pocos, sino como la naturaleza, tiene abiertas sus puertas a todo el mundo”. Debido a esta combinación de factores, en la primera mitad del siglo XIX, esta disciplina adquirió un importante estatus de autoridad en el seno de la sociedad contemporánea occidental (Cooter, 1984; Quick, 2014; Sokal, 2001).

En el siglo XIX, la frenología proporcionaba a la sociedad una técnica científica para el diagnóstico psicológico, pronóstico y asesoramiento personal en diversos ámbitos de la experiencia humana. Desde el punto de vista de la teoría frenológica, las aptitudes y facultades con las que nacemos deben ser entendidas como tendencias naturales sobre las cuales podemos trabajar para conseguir un equilibrio. En cierta manera, el papel de los frenólogos se puede entender como un término medio entre el diagnóstico médico, la práctica psicológica y la orientación espiritual (Sokal, 2001). Desde una perspectiva práctica, la frenología abogaba por la individualidad de los seres humanos. En consecuencia, desde la propia disciplina se planteaba un modelo de educación personalizada con el objetivo final de explotar las capacidades del individuo. En esta misma línea, los frenólogos creían firmemente en la capacidad de auto-mejora de los ciudadanos, razón por la cual también defendían la rehabilitación de personas en riesgo de exclusión como en el caso de presos y enfermos.

Uno de los principales ámbitos de actuación de los frenólogos era el asesoramiento relacionado con la crianza de los niños. La examinación de las facultades de un infante no tan solo facilitaba su crianza, sino que enfocaba su futuro hacia las tendencias innatas del individuo. En esta misma línea, los frenólogos también ofrecían servicios de asesoramiento matrimonial en el cual defendían un concepto de compatibilidad y complementariedad de la pareja basado en las facultades de cada miembro. En cuanto a orientación vocacional, los frenólogos abogaban por la elección de trabajo en base a las capacidades predominantes del individuo, lo que algunos autores han interpretado como funcionalismo, es decir, la firme voluntad de preservar los roles sociales existentes (Cooter, 1984). Según la interpretación funcionalista, la sociedad debe ser concebida como un conjunto orgánico en el cual cada parte juega un papel fundamental para el equilibrio del mismo. Esta visión era legitimada desde la perspectiva frenológica en tanto que cada individuo, en base a la lectura de sus facultades, debía dedicarse (preferentemente) a una determinada labor (Sokal, 2001).

Desde un punto de vista sociopolítico, los frenólogos pueden inscribirse dentro de la corriente progresista del XIX. La disciplina era concebida, ante todo, como una ciencia con un carácter estrictamente utilitario. En sus bases, este enfoque a la mente humana prometía tanto la autogestión como la autosuficiencia psicológica del individuo, elementos que consiguieron atraer la atención de un amplio espectro de la sociedad. Cabe destacar que el auge de la frenología se produce en un momento en que la ciencia va adquiriendo un papel fundamental en el seno de la sociedad contemporánea. Ciencia y tecnología eran concebidas como herramientas de la sociedad burguesa mediante las cuales se reflejaba el espíritu de racionalidad humana. En esta misma línea, determinados autores destacan que la visión de la frenología no justificaba intrínsecamente el sistema capitalista, sino que lo naturalizaba (Cooter, 1984).

En conclusión; el surgimiento, el auge y el posterior declive de la frenología no debe ser atribuido exclusivamente a su valor científico. Como cualquier otra disciplina, la teoría frenológica necesita entenderse como una práctica social avalada por su contexto. En el trascurso del siglo XIX, la frenología sirvió como elemento de moderación y cohesión de la sociedad contemporánea. La práctica científica, convertida en fenómeno cultural y espectáculo para las masas, consiguió captar tanto la atención como la confianza de un amplio espectro de la sociedad. La disciplina se revestía de aceptación social en la esfera pública y, a la vez, legitimaba su propia existencia. De esta manera, rara vez se cuestionaba su autoridad moral a la hora de asesorar sobre diferentes aspectos de la experiencia humana, ya sea en referencia a la crianza de los niños, el ámbito matrimonial o la orientación vocacional de los individuos. Desde este punto de vista, algunos autores apuntan a que la frenología también puede considerarse como una práctica cultural enfocada al mantenimiento del status quo de la sociedad burguesa: la idea de diagnóstico de las facultades mentales reforzaba la idea de rol social de los individuos y, contemporáneamente, reafirmaba la inadecuación moral de aquellos que se abstenían de estos esquemas de conducta (Cooter, 1984).

Bibliografía

Cooter, Robert. (1984). The Cultural Meaning of Popular Science: Phrenology and the Organization of Consent in Nineteenth-century Britain. Cambridge: Cambridge University Press.

Quick, Tom (2014). From phrenology to the laboratory: Physiological psychology and the institution of science in Britain (c.1830–80). History of the Human Sciences, 27(5), 54–73.

Sokal, Michael M. (2001). “Practical phrenology as psychological counseling in the 19th-century United States”. In: Green, Christopher D.: Shore, Marlene; Teo, Thomas, eds. The transformation of psychology: Influences of 19th-century philosophy, technology, and natural science (Washington: American Psychological Association), p. 21-44.

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