Mastectomía: la lucha contra el espejo

Cada año en Cataluña se diagnostican más de cuatro mil nuevos casos de cáncer de mama. Son más de cuatro mil mujeres las que cada año entran en una nueva etapa de sus vidas, una etapa en la que los esquemas que tenían sobre sí mismas y todo lo que les rodea cambian radicalmente. Entendemos por cáncer de mama aquel que comienza en los tejidos mamarios. Sin embargo, no todos los cánceres de mama son iguales, ya que la enfermedad tiene características diferentes en función de la zona donde se inicia. A día de hoy, los dos tipos más frecuentes son el carcinoma ductal (que comienza en los conductos que llevan la leche desde la mama hasta el pecho) y el carcinoma lobulillar (que comienza en partes de la mama llamados lóbulos, que producen la leche). Ambos suponen más del 90% de los casos.

Tras el diagnóstico, el primer paso para el tratamiento del cáncer de mama es la extirpación del tumor mediante la cirugía. Junto con el tumor, también se extrae la parte del pecho que se considera que es su origen, ya sea la mama o los ganglios axilares. Este proceso es lo que se conoce como mastectomía. En función de si se extraen los ganglios, la mama o la musculatura del pecho, hay diferentes tipos de mastectomía con sus respectivos impactos físicos diferentes. Por ejemplo, la mastectomía radical consiste en la extirpación de toda la musculatura del pecho, la mama y los ganglios axilares, mientras que en la mastectomía subcutánea extirpa la mama pero se respeta el pezón, el pecho y los ganglios. A día de hoy, en un 80% de los casos se intenta evitar la extirpación radical de la mama o del pectoral, para evitar un mayor impacto en el cuerpo. En algunos casos en que no se ha podido evitar llevar a cabo los tipos de mastectomía más agresivas, se intenta reconstruir el pecho mediante una prótesis, aunque no siempre es posible.

El siguiente paso en el tratamiento consistirá en una evaluación médica para evitar que el tumor pueda volver a salir en un futuro. Actualmente, se aplican tratamientos como la quimioterapia (preventiva o no), la terapia hormonal, terapias biológicas o tratamientos moleculares, siempre en función de las necesidades específicas de cada caso y del tipo de tumor que se haya extraído . En este sentido, los oncólogos coinciden en afirmar que no hay un solo tipo de cáncer de mama, sino que cada mujer es un mundo y siempre se debe tener en cuenta un número muy elevado de factores no sólo médicos a la hora de tratar una paciente. No es lo mismo curar una mujer de 60 años, con hijos y una relación de pareja estable, que tratar con una paciente joven de 20 años, sin hijos y sin apoyo emocional.

El tratamiento que se propone a las pacientes es cada vez más multidisciplinar, ya que no sólo se enfoca desde una vertiente oncológica, sino también, por ejemplo, psicológica. Es por eso que los expertos definen la etapa en la que actualmente se encuentra la medicina como “personalizada” y “participativa”,ya que el tratamiento está cada vez más focalizado en las necesidades específicas de cada persona. Las nuevas aproximaciones médicas y la detección precoz han permitido reducir de manera muy significativa las tasas de mortalidad. Actualmente, se calcula que un 80% de las mujeres sobrevive al cáncer de mama.

Efectos psicológicos: entre la teoría y la realidad
Una mujer víctima de un cáncer de mama con una posterior mastectomía (extirpación total o parcial del pecho) debe pasar por un doble proceso de curación. Por un lado, debe recuperarse físicamente del tumor y, por otro, tiene que aceptar su nueva imagen y replantear su feminidad ante la ausencia o la alteración del pecho. En términos generales, la detección de una enfermedad como el cáncer de mama es una experiencia traumática en la vida de un individuo, ya que supone una amenaza para la vida en sí. Según el patrón psicológico más habitual, la paciente siente amenazada su vida pero también teme el dolor, la muerte, la desfiguración o la pérdida de la funcionalidad de alguna parte de su cuerpo, entre muchas de las otras consecuencias de la enfermedad. Pero, además, en el caso del cáncer de mama el tumor mantiene relación con una parte del cuerpo muy significativa para la idea preconcebida socialmente sobre la feminidad de la mujer: su pecho. La alteración de la mama, por pequeña que sea, puede ser percibida como una pérdida de “lo considerado como femenino”, con todos los valores que ello implica. En este sentido, tanto a nivel psicológico como social la mastectomía puede amenazar aspectos clave asociados a la idea comúnmente aceptada de que es ser mujer.

Para empezar, la mastectomía supone una rotura del imaginario corporal de la mujer que lo aleja de la morfología ideal del cuerpo. Este canon imaginario es en parte responsable de la vergüenza a la que se puede sentir sometida la mujer que siente que le falta algo esencial en su cuerpo. Es, según lo expuesto en las propias pacientes, la sensación de ser “menos mujer”. Recientes estudios del psiquiatra José Manuel García Arroyo y de la psicóloga María Luisa Domínguez López apuntan que las consecuencias psicológicas que se pueden derivar de la mastectomía también provocan casos de generalización: las pacientes, al considerar que una parte de su cuerpo ha perdido su valor (el pecho extirpado ya no tiene la funcionalidad que antes tenía), transfieren esta pérdida de valor en el resto de su persona, tanto física como mentalmente (mi pecho no vale, yo no valgo). También se pueden dar situaciones de aislamiento, ya que el simple hecho de salir a la calle hace que se sientan observadas. Las relaciones con la pareja también se ven afectadas por el miedo a ser rechazadas, y todos los gestos y palabras pueden ser susceptibles de ser mailinterpretats.

La pérdida del pecho, junto con el bache psicológico de la enfermedad, puede hacer que las pacientes asocien la mastectomía con una pérdida de feminidad. Lo cierto es que el pecho es un órgano muy valioso dentro del concepto de feminidad, con una fuerte carga erótica y erógena. Esto puede llevar a una infravaloración de sí mismas y el cuestionamiento sobre si son deseables o no. En este punto también actúan factores sociales externos. La presión estética y el relato patriarcal dibujan el modelo de mujer ideal basado en lo que desean los hombres o en el que las mujeres creen que los hombres desean. Es en este punto donde la cuestión de la feminidad se relaciona con el hecho de sentirse deseable. A raíz de esta concepción, muchas mujeres asocian la falta de pecho (y de pelo) con la pérdida de feminidad. Además, el pecho está relacionado con otro de los principales atributos comúnmente asociados al rol de la mujer: la maternidad. Los pechos que amamantan al hijo son la representación de lo que es ser madre, y su ausencia también puede afectar en el sentimiento de feminidad de la mujer mastectomizada.

La lucha contra la enfermedad también suele incluir la lucha con el espejo para aceptar un nuevo cuerpo y, a veces, una nueva definición de feminidad. Expertos y pacientes coinciden en que es aconsejable un acompañamiento de las mujeres mastectomizadas a la hora de reconstruir la imagen y significación que asocian a su cuerpo. Berna Moreira es la presidenta de PICAM (Prevención e información Cáncer Molins), una asociación que apoya a las mujeres con cáncer de mama ya sus familias. Como la mayoría de las mujeres de PICAM, ha luchado contra un cáncer de mama y actualmente dedica su vida a ayudar a mujeres en la misma situación. Para Moreira, la superación del tumor fue un proceso largo y doloroso por el que nadie hubiera podido preparar. Considera que el peor momento de la enfermedad fue el enfrentarse con el espejo. “Al principio los médicos te van avisando de que te caerá el cabello y tu intentas irte preparando. Pero te miras al espejo y no te reconoces. Cuando, además, te ves sin un pecho, te planteas muchas cosas … “. En su caso, todo este proceso fue acompañar de mucha debilidad física derivada de los tratamientos, lo que añadió un ulterior peso a su conciencia crítica consigo misma y su imagen. Sin embargo, para la Berna “eres mujer antes del tratamiento, durante el tratamiento y después del tratamiento”. Es por ello que desde PICAM intenta brindar ayuda a las mujeres que están pasando por la misma situación. Esta asociación colabora con las afectadas desde todos los puntos de vista, ayudándolas a hacer más llano el paso por la enfermedad y el tratamiento, para que luego puedan volver con normalidad a su vida cotidiana. Todas ellas coinciden en destacar hasta qué punto, en el proceso de curación, también tiene un papel muy importante el hecho de volver a sentir a gusto con el propio cuerpo, la propia imagen y el propio sentido de la feminidad.

El imaginario colectivo
Por su gran impacto en nuestra sociedad, el cáncer es una enfermedad estigmatizada hoy en día. Socialmente, existe la tendencia a asociarlo, en general, a nociones como la muerte, la deshumanización y el dolor, y en el caso particular del cáncer de mama y la mastectomía, con la pérdida de la feminidad, la libido, la sexualidad o la identidad asociada a la imagen corporal. Sin embargo, tanto los testimonios de mujeres mastectomizadas como las voces expertas coinciden en que cada mujer es un mundo y, por tanto, cada cáncer se vive de una manera diferente. Esta es una perspectiva más completa y plural sobre cómo vivir y entender la enfermedad, la condición de las pacientes que lo están pasando y la lectura del cuerpo de las que la han superado, que no siempre coincide con los prejuicios comúnmente aceptados por el espesor de la sociedad que no se ha visto directamente implicado en ningún caso de este tipo de cáncer.

Es innegable que la lucha contra el cáncer en general, y la mastectomía en particular, tienen importantes efectos adversos en el conjunto del cuerpo y la mente de la paciente. En este sentido, al concebir los efectos del cáncer en un sentido global se hace patente que hay mucho trabajo por hacer no sólo para la superación de la enfermedad, sino también para garantizar un mínimo de calidad de vida a las mujeres afectadas , que incluya reducir al mínimo posible los afectos colaterales físicos, el impacto psicológico y la sensación de alteridad imbuida socialmente.

Reportaje colaborativo realizado en la asignatura de Periodismo especializado:
Corominas, M., Lóriz, A. & Raffio, V. (junio del 2015)

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