Maltrato animal: indignación e indiferencia

Durante toda la historia de la humanidad, el maltrato animal ha representado una de las caras más oscuras del alma humana. Proporcionar dolor innecesario a otro ser vivo representa una de las pruebas más contundentes de la “inhumanidad” de las personas. Sin embargo, hay que considerar que el maltrato animal no sólo es un peligro para las especies no humanas. Todo lo contrario. Una sociedad maltratadora es inherentemente más peligrosa para sí misma. En este sentido, el maltrato animalpodría ser síntoma de una sociedad “rabiosa y enferma de ansiedad”, tal como explica el filósofo Ramon Alcoberro.

Qué es lo que nos hace mover, pues, a favor de los derechos para animales? Para Montserrat Escartín Gual, fundadora de la Asociación ayude, la respuesta más inmediata es la compasión. “Si entendemos que un animal sufre igual que sufro yo, puedo considerar que mi sufrimiento no es más importante que su”. Más allá de esta reflexión, sin embargo, la filóloga explica que “quedarnos sólo con el argumento de los sentimientos sería muy poco inteligente. Hay cuestiones que se han de enfocar desde el punto de vista de la justicia o la ética “.

El etólogo Konrad Lorezo escribía que los humanos agreden con el cerebro porque si lo hicieran con las garras agredirían poco. Así, se podría considerar que la naturaleza del hombre es instintivamente agresiva como mamífera. De hecho, Alcoberro considera que la humanidad en su conjunto tiene una cierta “predisposición a la agresividad “. Para el filósofo, la violencia está estrechamente relacionada con los valores imperantes en nuestra sociedad actual: “La agresividad da cierta masculinidad. Debemos vincular la cuestión de los derechos animales con otros derechos, ti sustituir el odio por valores más armónicos “. 

El concepto darwiniano del “círculo de la compasión” explica por qué podemos ser agresivos con unas especies y no con otros. Cuando Darwin estudió la relación entre los humanos y los chimpancés concluyó que no los podíamos tratar como seres inferiores, ya que se trataba de una especie prima hermana de la nuestraEl estudio plantea una especie de tratado moral donde este “círculo de la compasión” provoca que, si bien de pequeños nacemos egoístas porque es nuestra manera natural de sobrevivir, a medida que crecemos nos vamos abriendo a la familia, los amigos, a la pareja y, finalmente, el círculo se puede llegar a ampliar aún más e incluir otras especies. Este círculo pero es relativo y único para cada individuopor lo que algunos pueden limitarse a sentimientos de compasión para con la familia, mientras otros lo pueden hacer extensivo a animales y, incluso, a especies vegetales. En este último caso, sin embargo, se trataría de casos con un grado elevado de desarrollo moral de la persona. En definitiva, Darwin concluía que la compasión no se puede delimitar, sólo, en la especie humana.

Marta Tafalla, profesora de la rama Estética de la filosofía, comenta cómo se delimita el círculo moral de cada persona. Tafalla expone que cada persona delimita su círculo de acuerdo con los seres que le preocupan ya los que está dispuesto a cuidar. Todo lo que queda fuera de este límite no merecería el mismo respeto que el resto. “Para muchas personas”, comenta la profesora, “sólo pertenecen a su círculo los miembros de situación o raza. El resto de la humanidad no tiene la menor oportunidad de entrar “. Esta paradoja explicaría cómo es posible que nos apiadado de unos animales, ignorando otros, o por qué cuidamos con amor unas determinadas especies y dejamos morir otras.

El maltrato a animales funciona como un laboratorio de pruebas, sobre todo en la época de la adolescencia“. Lo afirma el profesor de Psicología Criminal Miguel Ángel Soria, y señala que el punto de partida que desencadena un maltrato es la curiosidad que siente la persona que lo ejerce. “En primer lugar, hay una voluntad de ver qué siendo él mismo en ejercer dolor al animal. Si esta violencia provoca al maltratador una sensación de placer, en vez de asco, es lo que, en algunos casos, le atrae y lo engancha para verse capaz de maltratar “otros seres vivos. Lo que desencadena, posteriormente, y en algunas ocasiones, un maltrato hacia la mujer. De hecho, según Soria, “está absolutamente demostrado que, en más del 30% de los casos de violencia de género, ha habido un entrenamiento previo con otros seres vivos“. También estaría probado que en violadores o asesinos en serie -otros tipo de violencia más allá de la que se ejerce sobre la mujer- ha habido también anteriormente un maltrato animal como base. “Es lo que les ayuda a inmunizarse frente al sufrimiento de personas y de seres vivos”, concluye Soria.

Precisamente, los primeros estudios sobre la relación entre la violencia de género y el maltrato animal revelaban que un 86% de las mujeres maltratadas contaban incidentes relacionados con maltrato animal. Núria Querol, criminóloga y directora del Observatorio de la Violencia hacia los Animales, expone que “estudios realizados en Cataluña dentro del ámbito sanitario y policial recogen que estas cifras se elevan hasta casi un 90% de las mujeres maltratadas”. Querol afirma que “en el ámbito de la peligrosidad criminal, la crueldad con animales se estudia desde hace muchos años como posible predictor de comportamiento violento”. De hecho, varios estudios demuestran que existe una correlación entre psicopatía y la crueldad hacia los animales. Comenta, además, que “el hecho de maltratar animales es uno de los aspectos que se tienen en cuenta en el diagnóstico del trastorno antisocial de personalidad, el disocial, o ciertos casos de psicopatía”.

En esta sociedad “enferma de ansiedad” el respeto hacia los animales es todavía un punto en contra del progreso moral. Nuestra sociedad no quiere cambiar. Está instalada en hábitos muy cómodos, en concepciones totalmente antropocentristas. Por ahora, el camino hacia la erradicación del maltrato animal se plantea como un largo viaje. Para el portavoz del Santuario Gaia, Ismael López, el camino a seguir está muy claro: “Nosotros no pedimos jaulas más grandes o una muerte digna. No debe haber jaulas ni tampoco muerto. Lo que debe haber es libertad “. Por ello, es necesario que se entienda la defensa de los derechos animales de forma amplia. Hoy en día la felicidad no se puede entender por uno mismo. Yo no puedo ser feliz si mi entorno no lo es. Conceptualmente, nadie puede ser feliz solo. Así, será necesario que la sociedad ponga cada vez más atención en los derechos de los animales, como parte de nuestro ecosistema y, por tanto, parte ineludible de nuestra felicidad.

Reportaje colaborativo realizado para la asignatura de Periodismo especializado en información criminológica (Moreno, F. & Sagrera, G.)

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